Qué significa que sea privado
En un safari compartido vas en un vehículo con seis o siete desconocidos y la ruta la marca el común denominador: si la mayoría quiere volver al campamento a las cuatro, se vuelve. Si alguien se marea, se para. Si tú quieres quedarte una hora más esperando a que el leopardo baje del árbol, no puedes.
En uno privado el coche es vuestro. Salís cuando queréis, os quedáis donde queráis y paráis las veces que haga falta. Cuesta algo más por persona si viajáis de dos, pero a partir de cuatro la diferencia se diluye y el viaje no se parece en nada.
Cómo se arma la ruta
Nos dices cuántos sois, cuántos días tenéis y qué os apetece ver. A partir de ahí proponemos el recorrido: cuántas noches en cada parque, en qué orden y a qué hora conviene estar en cada sitio.
El orden importa más de lo que parece. El Serengeti cambia por completo según el mes: entre enero y febrero la migración está pariendo en el sur, y entre julio y octubre se juega en los ríos del norte. Ir al sitio equivocado en el mes equivocado es la diferencia entre ver miles de ñus y ver una llanura vacía.
También importa el ritmo. Un parque por día suena a mucho safari y acaba siendo mucha carretera: las distancias en el norte de Tanzania son largas y las pistas lentas. Dos noches en el Serengeti valen más que cuatro parques atropellados.
El vehículo
Un Toyota Land Cruiser de safari con techo elevable, que es el estándar en Tanzania por una razón: las pistas destrozan cualquier otra cosa. El techo se levanta y se va de pie, con la cabeza fuera, que es como hay que ver esto.
Nevera con agua, enchufes para cargar el móvil y la cámara, y sitio de sobra: en un safari privado nadie va en el asiento de en medio.





